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Era fabrica de empleos o de despidos ?

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La revolución de Chávez & Co.


No quisiera pintar un escenario apocalíptico, pero esta es la realidad. Hoy hay más pobres que ayer en Venezuela y, lo que es peor, cada vez hay menos riqueza. Salvo la que atesora la llamada boliburguesía.

Escrito por Humberto Montero
Periodista y analista español
Domingo, 27 diciembre 2009 00:00
Fuente : laprensagrafica.com

Prevengo a cuantos traten de copiar el modelo chavista: solo cosecharán miseria. Desde que se inició la revolución bolivariana, hace ya más de dos lustros, he visitado una o dos veces al año Venezuela, la última el pasado mes de agosto en compañía del “sagaz” ministro de Exteriores español. Así, he podido comprobar de primera mano la degradación en la que un golpista confeso, que se atreve a dar lecciones de democracia al presidente Obama cuando no le llega a la altura del zapato ha sumido en un grave problema a una nación entera.

Fuentes diplomáticas en Caracas me cuentan que la economía ha tocado fondo y que la desesperación de los miles de venezolanos que confiaron su voto a Chávez se ha disparado y amenaza con convertir al país caribeño en un polvorín. La tasa de desempleo oficial está en el 7.5%, con una pérdida de 270,000 empleos formales solo en el pasado mes. Mientras, la bolsa de venezolanos que se ven arrastrados a las penurias de la economía informal no deja de aumentar: 3.7 millones, un dato falseado que no incluye a los miles de profesionales con título universitario o técnico que trabajan en casi cualquier cosa para subsistir. La crisis, con una contracción oficial del PIB superior al 1% y una caída brutal en la actividad comercial que, sin embargo, no logra frenar la desmedida subida de los precios (un 1.9% en noviembre lo que sitúa la inflación acumulada en el 23%, la más alta del continente), está golpeando con dureza a todos los sectores y se ve agravada por la caída de ingresos de la renta petrolera, la principal actividad de Venezuela.

Estos son los datos oficiales, pero la realidad es aún peor. Los economistas independientes que he consultado hablan de una tasa de desempleo muy superior al 20% y de una caída gigantesca de la productividad que corre pareja a la política de estatizaciones sin sentido acelerada por el Gobierno en 2009.

En apenas dos semanas, Chávez ha cerrado ocho bancos (el 10% de los depósitos del país), cumpliendo sus amenazas de nacionalizar la banca si esta no regala los préstamos a quienes no tienen recursos, un contrasentido para una actividad cuyo fundamento es la consecución de beneficios no para una entidad abstracta sino para los particulares que prestan el dinero.

Este último movimiento solo puede provocar una fuga masiva de los capitales que todavía no habían huido de una revolución calcada al fracasado modelo cubano. A los cortes de luz y agua se suma, además, la oleada de criminalidad y la emergencia sanitaria que tiene paralizados unos 2,000 centros sanitarios mientras el régimen no deja de importar médicos cubanos con peor cualificación que los venezolanos a cambio de crudo regalado (a 27 dólares el barril), una fórmula para financiar a los hermanos Castro.

No quisiera pintar un escenario apocalíptico, pero esta es la realidad. Hoy hay más pobres que ayer en Venezuela y, lo que es peor, cada vez hay menos riqueza. Salvo la que atesora la llamada boliburguesía.

Para colmo, a lo largo de estos años, Chávez no solo ha hecho enemigos por medio mundo (también le ha dado tiempo de estrechar lazos con torturadores y asesinos como Fidel Castro o enajenados antijudíos, como el iraní Ahmadineyad) y se ha gastado buena parte del segundo boom petrolero de Venezuela en proyectos megalomaniacos, como la ALBA, mientras la mitad del país se pudre en la miseria.

Además, ha convertido su Barinas natal, un rico y bello estado ganadero, en un cortijo; en su finca y reino feudal donde los Chávez hacen y deshacen a su antojo. De los millones de hectáreas expropiadas en la reforma agrícola (más de 200,000 arrebatadas a españoles y sus descendientes bajo amenazas) casi el 20% pertenece a Barinas. Ni que decir tiene que algunas de esas tierras han ido a parar a los hermanos, primos y demás parientes del presidente. Y mientras la “mamma” se va de compras por la Quinta Avenida de Nueva York, el pueblo llano asiste hipnotizado al salmódico discurso bolivariano.

A Chávez le encantaría que, sumido como está en el caos más absoluto, Obama respondiera a sus insultos y desplantes. Desde que llegó a Copenhague no hizo más que retar al presidente de Estados Unidos en busca de una confrontación artificial que le devuelva el enemigo que representaba Bush.

Pero Obama no ha picado. Como reza el dicho: no hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Y que el caudillo se las apañe entre azufre.

Respuesta a : “La revolución de Chávez & Co.”

  1. LaMore :

    He dicho.

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